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ODILÓN REDÓN. El simbolismo hecho color

Publicado:
21/03/2012
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Toda mi originalidad consiste en dar vida, de una manera humana, a seres inverosímiles y hacerlos vivir según las leyes de lo verosímil, poniendo, dentro de lo posible, la lógica de lo visible al servicio de lo invisible.

De esta manera definía su obra el pintor francés Odilón Redón (1840-1916), cuyo original y misterioso universo se despliega en las salas de exposiciones de la Fundación Mapfre de Madrid, en una muestra que reúne 170 obras que parecen salidas de un estado de ensueño y por donde van desfilando extrañísimos personajes: gnomos, cíclopes, arañas que sonríen, cabezas cortadas, ángeles caídos, Budas, espíritus perversos…

Pintor de la imaginación y del subconsciente, en plena hegemonía del naturalismo apostó por un lenguaje personal y original. Coetáneo de los impresionistas, expuso con ellos en 1886, pero nunca compartió su estética. En esa época, mientras los impresionistas experimentan con el color, Redón trabaja en una extraordinaria serie de dibujos y litografías que él mismo llamaría “Los Negros“, en la que plasma, en carboncillos y litografías, sus inquietudes y admiración por la literatura, la ciencia…Admiraba a Poe, poeta maldito romántico; y al más negro de los pintores, Goya; a Darwin… Los tres le inspiraron series que están presentes en la primera parte de la exposición, en las que ya demuestra su naturaleza insólita con dibujos como el de una araña gigante y sonriente a carboncillo (1881).

A partir de 1890 su paleta se aclara, surge el color y comienza a pintar con acuarelas y óleos, aunque siempre al margen de modas, géneros, escuelas… Coqueteó con el simbolismo, el naturalismo, el romanticismo, el esoterismo. Sus temas siguen siendo los mismos: mitos clásicos, orientales, bíblicos, literarios y científicos adaptados a su particular visión.

Su iconografía poética convierte lo convencional en extravagante y místico, y ahí probablemente se halla la clave tanto del entusiasmo suscitado por su trabajo en contemporáneos como los Nabis, como en su futura consideración como precursor del imaginario surrealista.

En 1900 el barón Robert de Domecy encargó a Redon unos paneles para decorar el comedor de su castillo. Los hizo con distintas técnicas: óleo, temple, pastel… unas obras, que Rodolphe Rapetti, comisario de la muestra, califica como el equivalente de “La Danza”, de Matisse. Tras este oasis lírico, Redon vuelve a sumergirse en su ensoñación pictórica. Seres andróginos que cierran los ojos, en una especie de búsqueda de la mirada interior, reflejos del cristianismo y el esoterismo como en “Mujeres al pie del Crucifijo”, “Ofelia con capa azul”, o la exquisita “La Sulamita”, que parece sugerirnos una estampa japonesa.

Redon obtuvo un gran éxito en vida y desempeñó un papel fundamental en la génesis del arte moderno como figura tutelar de los Nabis y precursor del color del Fauvismo y el imaginario del Surrealismo. Sin embargo, sigue siendo uno de los artistas menos conocidos del cambio de los siglos XIX y XX. Sin Redon, el Surrealismo no habría sido, años más tarde, lo que fue, ni Klimt hubiera pintado como lo hizo. Y es que Odilón Redón fue y sigue siendo, mucho más moderno que su tiempo. Se adelantó a la psicología, al psicoanálisis, a Freud, cuyas teorías se ven reflejadas en sus magníficos dibujos y aguafuertes.

El poder visitar esta primera retrospectiva que se hace en nuestro país,  es sin duda una excepcional ocasión de contemplar la obra de uno de los principales representantes del simbolismo y uno de los artistas más fascinantes y sugerentes del inicio de la modernidad, cuyas composiciones de evanescente irrealidad y sus figuras de sublime belleza le han convertido en un pintor de culto.+ info