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EL CLUB DE NARRATIVA CRIMINAL: JEAN PATRICK MANCHETTE (Miércoles 31 Mayo 20.15 h)

Publicado:
09/05/2017
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Confieso que lo he postergado… Pero era imposible seguir evitándolo. Comprenderéis la razón de mi pequeño crimen en cuanto sepáis algo más de él y más todavía cuando lo leáis. Y es que Jean Patrick Manchette siempre me ha producido una mezcla de sentimientos, ternura y desdén, comprensión y rechazo, afecto y odio fenicio… Manchette es un joven idealista (siempre fue joven, desde que sólo era un crío en su barrio de Malakof hasta cuando agonizaba presa de un cáncer, ya muy envejecido…, fue siempre un joven eterno), un gauchiste, como dicen los franceses (como me tachaba a mí mismo mi tío francés pied noir), un comunista desengañado del comunismo, un anarquista que se volvió situacionista porque el anarquismo ya era imposible en su época (los setenta, también mi época de militancia)… Manchette era de esa generación de inconfomistas e intelectuales que protagonizaron mayo del 68 y constituía la generación de mis hermanos mayores… Los mismo que acabaron metiendo la pata en casi todo y en todos los detalles salvo en lo esencial: señalar la esclavitud oculta en la confortabilidad del sistema capitalista. Oculta dentro, claro, porque fuera del sistema no era tal.

Manchette hizo otra cosa que no le perdono. Lean una de sus frases prototípicas: “La buena novela negra es una novela social, una novela de crítica social, que toma como anécdota historias de crímenes”. Y esto lo dijo en 1993, No vayáis a pensar que tal cosa se les hubiera ocurrido a alguno de los escritores españoles. Juan Madrid ya se lo había oído antes y Montalbán (que era más listo) jamás se hubiera atrevido a repetirlo. Ya conocéis mi tesis de que la novela negra es una invención francesa adoptada en la Europa del Sur (Grecia, Italia y España) e Iberoamérica, que jamás compartieron ni nórdicos ni anglosajones, que siguieron con lo suyo (y siempre se llevaron el gato editorial al agua).

Manchette escribe bien, demasiado bien en realidad, para lo que necesita el género y es acreedor de haberlo renovado rescatándolo de la alargada sombra de Maigret y Simenon, y de los tormentosos folletines sicológicos de Narjenac y Boileau que Hitchcoq bordaba en el cine. Así el roman policier (en argot polar) devendrá en el nouveau roman policier (neopolar) gracias a su irrupción en la misma famosa colección Sèrie Noire que dirigía Duhamel, y creedme, Duhamel dirigía mucho a sus escritores. Así, le exigió ciertos retoques en su novela El caso N’gustro, y aunque publicó nueve de sus once novelas, también sacó fuera de la colección su novela Fatale, en ambos casos por falta de acción. Eso me recuerda los consejos que por los mismos tiempo le daba a Chester Himes. Bien por Duhamel, era un tipo listo y yo hubiera actuado igual que él, menos rollo de crítica social y más violencia… Y si quieres realismo mejor es que este te salga como accidente (los escritores más reales son los que eliminan más filtros, no confundir con los escritores realistas, que miran a través de esos cristales de colores de los que hablaba Campoamor).

Lo que más me molesta de todo es que os va a gustar y os va a gustar por razones indebidas. Por supuesto, desde mi torcido punto de vista que lo único que pretende es que no se confunda a la novela negra (esa construcción fantasmagórica tan crítica) con la buena novela policial o criminal. Y ese es el problema: Manchette es un escritor (es un tipo) que me gusta y que me emociona, es un buen escritor, pero no es un buen escritor de novela criminal, su narrativa, su universo, es demasiado político, demasiado moral… O tal vez no y estoy equivocado…

He elegido para leer la primera novela que le publicó Gallimard en 1971: Laissez bronzer les cadavres!, (Dejad que los cadáveres se bronceen) escrita en colaboración con Jean-Pierre Bastid, amigo y colaborador suyo en muchos proyectos, y otra que tuvo mucha repercusión, recientemente reeditada en España por la editorial Navona: Fatale (Fatídica, en español, 2016). En palabras de algún crítico: «Fatídica no es una novela negra al uso, de hecho fue sacada de la colección «Sèrie noire» de la editorial francesa Gallimard, que la editó en 1977 y en la que estaban incluidas todas sus obras anteriores, por considerar que carecía de poca acción. Sin embargo, el argumento y el escenario de la novela son tan bien tejidos, dispuestos sobre un patrón tan bien trazado, que hacen que la grandeza de esta novela no merezca estar encorsetada por la etiqueta «novela negra».

En palabras de su editor, Pere Sureda: “Reeditar Manchette ahora, y precisamente esta novela es un acto deliberado y pensado con intención de dar un golpe en la mesa de las novedades policiales y aclarar, recordar quién es quién. Parece que estamos en un tiempo en el que todo vale y no hay seriedad suficiente a la hora de catalogar qué es qué. Esto es un policial de verdad. Si lo leen los lectores actuales notarán la diferencia. De eso se trata, de recordar y reafirmar lo orígenes. Porque está casi todo escrito”.

Leed su biografía y algunas críticas que os he añadido sobre sus novelas. Si os gusta, os esperan más novelas de Jean Patrick, y probablemente alguna buena discusión.

Hasta el miércoles 31 en Matisse (www.salamatisse.es).