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Brian Wilson, “Smile” (II)

Publicado:
07/03/2011
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En su última (y al parecer definitiva) encarnación, Smile se estructura en tres bloques o suites. La primera de ellas, la conocida como “saga americana”, es tal vez la más ambiciosa de las tres, pues en ella se pretende compilar toda la esencia de la música norteamericana, como si de una nueva Rhapsody in Blue se tratase. Vertebrándose en torno a Heroes and Villains, una impresionante composición rebosante de cambios de ritmo y melodía, se suceden Roll Plymouth Rock, Barnyard o Cabin Essence, donde se dan cita muchos de los tópicos que pueblan el imaginario americano: los cantos tribales de los indios y los nativos hawaianos, la construcción de las vías férreas sobre las que las grandes locomotoras de vapor cruzarán el país de punta a punta, los interminables sembrados de maíz ondulados por el viento, o las peleas a punta de pistola en el saloon de la ciudad fronteriza.
La segunda suite es más delicada e introspectiva; la abre la barroca Wonderful, de una belleza casi abrumadora, con su característico acompañamiento de clavicordio, y la cierra Surf’s Up, quizás la canción más personal de cuantas escribió Brian, con una magnífica letra de Parks plagada de inquietantes y poderosas imágenes. Brian la explicaba así: “Imagínate a un tipo en un concierto, y a su alrededor se encuentra el público, interpretando su papel, vestidos con trajes elegantes, mirando a través de sus anteojos para opera, pero tan lejos del drama, de la vida… (Back to the opera glass you see the pit and the pendulum drawn). La música comienza a acabarse. (Columnated ruins domino). Imperios, ideas, vidas, instituciones. Todo ha de derrumbarse, cayendo como fichas de dominó. El tipo empieza a despertarse, a abrirse a la música, observa la pretenciosidad de todo, (The music hall a costly bow ). Entonces, incluso la música desaparece. Se convierte en un canto del cisne… (…)Y entonces, la esperanza. (Surf’s up! …come about and hard and join the once and often spring you gave). El regreso a las olas, a la playa, a la infancia.Y ahí esta la canción en si misma; la canción del niño; la canción del universo que nace y muere ola tras ola, la canción de Dios, ocultando su amor por nosotros, pero siempre dejándonos encontrarle de nuevo, como una madre que canta a sus hijos… por supuesto esta es una explicación muy intelectual, pero a veces hay que hacer una cosa así, intelectual. Si no entienden la letra, entenderán la música, porque ahí es donde está todo, en la música…”
La tercera suite, finalmente, es la más experimental; tal vez los cortes más logrados sean Vega-Tables, esa simpática oda a la dieta vegetariana, la delicada y etérea Wind Chimes, la preciosa y evocadora On a Holiday, con su aroma a verano e infancia, y, sobre todo, el potente instrumental Miss O’Leary’s Cow, inspirado en el descomunal incendio que redujo Chicago a cenizas en 1871, y que durante años apareció en los bootlegs como una de las secciones de la Suite de los elementos, con el nombre de Fire; a ella le atribuía Brian propiedades maléficas en los días en los que experimentaba con todo tipo de drogas. Como broche final, cierra el álbum una versión totalmente remozada de Good Vibrations, uno de los clásicos imperecederos de Brian, un collage musical al que en su momento definió como “una sinfonía de bolsillo”.
En definitiva, hay que reconocer que a este Smile se le pueden poner algunos peros: el grupo que acompaña a Brian, los Wondermints, palidece en comparación con el mítico Wrecking Crew, los músicos de sesión habituales de la factoría Spector que participaron en las sesiones de grabaciones originales; y por supuesto, también se echan en falta los musculosos y robustos juegos vocales de los Beach Boys… y, si, es evidente, el estado vocal de Brian dista de ser el mismo de cuarenta años atrás, lo cual empaña en cierto modo el resultado final, donde se requería una voz más impregnada de inocencia, más angelical, acorde con la dimensión espiritual que pretendía poseer el álbum (recordemos que Brian lo definió en su momento como “una sinfonía adolescente dedicada a Dios”). Por otro lado, uno tampoco acaba de comprender por qué no se ha utilizado para este nuevo Smile la maravillosa carátula original de Frank Holmes, casi convertida ya en un icono de la cultura popular.
Sin embargo, Smile es la obra maestra, genial y visionaria, que todos los fans de Brian soñamos con escuchar un día; “un sonido que tuviese un encanto imperecedero”, tal y como él lo imaginó. El poder disfrutarla después de décadas de olvido y oscuridad ya es suficiente motivo para hacernos sonreír. Al fin y al cabo, eso y no otra cosa es lo que Brian pretendía con este ramillete de soberbias canciones.

Abraham Mondria.

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