El pasado mes de diciembre volvió a visitarnos Aidan Bartley. En esta ocasión lo hacía con un buen pretexto: nuevo disco bajo el brazo, Silhouettes (Kitchen Records, 2010). Dicen que las buenas canciones son aquellas que se pueden defender con la voz y un único instrumento.
Él llegó a Matisse desde Berlín para hacerlo con su guitarra acústica. Y muy bien, por cierto. No fue necesario escuchar ocn anterioridad sus nuevos temas (en algunas ocasiones hasta es recomendable). Uno a uno fueron captando la atención, introduciendo a los asistentes en su universo sonoro, envolviendo el ambiente con el buen hacer de sus dedos y la profundidad de su voz. Temas como Nora o Funny games se fundieron con canciones ya habituales en su repertorio como la que abría su disco Vaudeville (Musikarte,2005), Calexico. Hasta se atrevió con alguna pieza instrumental y largas intros avalando su depurada técnica con la guitarra.
Aidan se mostró muy cómodo y nos ofreció una preciosa hora de buen folk intimista que demuestra, una vez más y en contra de muchos, que no hace falta inventar nada para seguir aportando buenas canciones a la historia. El talento, la experiencia y el buen gusto, sus armas. Y así lo demostró.
Texto: Manolo Tarancón